Friday, May 13, 2005

David y Goliat sacan dos de ochenta!!

La cotinaeidad (busqué esa palabra en el google y no me tiró nada como: “ud quiso decir coti nosiglia, pedazo de ser inmundo”, así que debe existir) es una fuente inagotable de diversas observaciones pícaras que intentan induír al espectador para que termine diciendo barrabasadas como: “es así!”, “que razón tiene este guacho!”, “voy al baño”. Este recurso ha sido manoseado de tal manera que el sólo hecho de pensar en ejemplificar el asunto me eriza la piel. Asco, asco me dan.


En fin, la otra vez mientras viajaba en el colectivo me vi enfrentada a la maldición “si-hace-calor-la-ventana-está-cerrada-y-hace-frío-la-ventana-está-abierta” (también se aceptan “la misma está abierta” o “la ya mencionada está ídem”). Antes de tratar de visualizar con mi mente al monstruoso ser que en pleno invierno pudo haber recorrido las calles alfombradas de sapos aplastados que componen a nuestra bonita ciudad mientras el frío tajante le azotaba su cara, monstruosa también, cosa que me llevará el resto del viaje, primero me voy a la situación concreta: me empieza a doler la cabeza y mi peinado cool es tan sólo un recuerdo de buenas épocas, donde el torrente de aire estaba en un movimiento amigable. Después de analizar todo esto ya ha pasado un buen rato y seguramente la gente parada (porque el colectivo se llenó al pasar por Retiro), en su envidia eterna a nosotros, aquellos privilegiados burgueses que viajan cómodamente en sus aposentos, me observa fijamente para ver que hago. Y lo que hago es lo siguiente; primero y principal, finjo no haberme dado cuenta que la ventana estaba abierta, que el frío que entra por la misma es el causal del constante llanto de un bebé muy frentón del asiento de atrás, hasta finjo no haber advertido que las puteadas a “esa pendeja que no cierra la ventana” por parte de la madre del bebé frentón, eran destinadas a mi hipotérmica persona. Porque ese tipo de decisiones no tienen que darse con rodeos; si la gente ve que primero observo la ventana y analizo la misma, peligra mi membresía en la urbanidad cool, concepto que consiste en vivir diariamente sin tener nunca que correr un colectivo, y nunca nunca pero nunca más quedar en medio de una calle cuando los autos arrancan y al grito de “ayudemen!!” ser rescatada por el niñito que hace malabares en el semáforo. Claros que estas son situaciones imaginarias, bah, para dar algunos ejemplos.
Así es como, de golpe, como si en esa corriente de agua (porque a todo esto ya empezó a llover, y me pasé tres cuadras) también entrase un poco de sensatez, simulo darme cuenta de que “ah! La ventana esta abierta!”. Por lo que, tratando de que la gente note mi gran poder de decisión, me dispongo a cerrar a la maldita cretina. Acá es cuando suelen suceder dos cosas: o efectivamente se cierra la ventana (creo que una vez me pasó, allá por el 95´) o la misma queda postrada en su posición inicial. Porque de ceder un milímetro la soltaría y acompañada de un “listo!” y una exagerada cara de satisfacción salvaría lo poco que me queda de dignidad. Generalmente ahí el colectivo da vuelta una curva y, como en mi esfuerzo sobrehumano de mover lo inamovible me puse de pie, me caigo en las faldas de quien esté en el asiento de al lado. Pero eso es al margen. Luego de ser el protagonista de una lucha totalmente desigual entre una ventana de acero inoxidable con borde de hierro y soldada por el obrero más musculoso y bronceado de la siderurgia, y entre un brazito esquelético y flácido que tiembla al son de su supuesta fuerza, nos vemos en la penosa tarea de resignarnos. Luego de esta lucha bíblica de los segundos más eternos concebidos por el señor, debemos de golpe, así como cuando emprendimos la fracasada empresa, abandonarla, sin meditarlo ni consultarlo con el chofer, que tan ocupado está recorriendo las calles de ese barrio que no conozco y que pronto será testigo de una visitante perdida que molestará a sus habitantes con preguntas absurdas como “como vuelvo al docke?”.
Una alternativa, que he desarrollado en teoría solamente, sería la de hacer sonidos con la boca, imitando lo que sería si la ventana sería buena y se cierra un poco. Así, aquellos que disfrutan el espectáculo a través del rabillo del ojo, podrían hasta creer que logré mi cometido. Claro que habría que practicar bien esos sonidos, por lo que una pequeña falla en los mismos podría tener consecuencias desastrosas.

6 Comments:

Blogger Gonzalo said...

No conozco Argentina, pero evidentemente el problema con las ventanas y su terquedad dinámica es igual que acá.

7:10 PM

 
Blogger El Gran Blas Giunta said...

Que gran concepto el de urbanidad cool, es algo que todos tratamos de vivir pero tarde o temprano alguien o algo te lo destrozan.

Saludos!

7:39 PM

 
Blogger Ichikata Seto said...

sabias que todo ciudadano argentino tiene derecho a proponer su propio proyecto de ley??

yo, en mi caso, iba a proponer un puente que una argentina con africa.

en tu caso, podes proponer que haya un martillo con el cual puedas romper las ventanillas para poder abrirlas

8:20 PM

 
Blogger Ichikata Seto said...

....y me olvide de agregar....

que tambien haya un celofan para poder pegar en las ventanillas que no se cierren...

8:23 PM

 
Blogger LaMisma said...

El eterno duelo entre el hombre y los productos generados por este. Uno trata de convencerse que el primero sigue siendo el mas fuerte.

2:29 AM

 
Blogger Anyanca said...

No hay nada más incómodo que viajar en un bus lleno de gente, cuando el guarde te dice: -un pasito más atrás que en el fondo hay lugar- y todo el mundo como embutidos corriéndose a patadas para que los pobres desgraciados que esperan en la parada puedan subir (30,40 pers. +).En fín, para matar frustraciones lo mejor es ir haciendo skate!

En cuanto a las ventanas,comparto con Gon.

SSalud00s

7:14 PM

 

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